Ahora hablamos de nuestros padres, pensamos en ellos, imaginamos sus físicos, recordamos sus palabras y gestos....
Sentimos su ausencia y estos nos hace sentirnos débiles y a la vez notamos una fuerza nueva.
Estamos confundidos y lúcidos como nunca.
Nos sentimos solos y más acompañados que otras veces.
Vemos las cosas de otra manera.
Estamos de duelo.
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